Mi primera clase de japonés

En un salón caluroso, con veinticinco personas más, tomé mi primera clase de japonés. Después de casi veinte años peleando con el inglés, pensé que había llegado el momento de comenzar a aprender otro idioma.

El primer día de clases llegué unos quince minutos antes y me quedé de pie en un rellano, donde ya había cuatro o cinco personas más que se esquivaban las miradas. Cuando pasamos la docena, la secretaria de la Asociación Japonesa de Rosario (lugar donde se dictan los cursos) nos condujo a un aula con pequeños bancos de escuela. Allí nos esperaba la profesora, quien daba los últimos retoques a sus papeles antes de empezar.



A la hora señalada, dio inicio oficialmente el curso intensivo de japonés de primer año. La profesora (o mejor dicho, sensei) se presentó y nos invitó a que hiciéramos lo mismo. Nombre, edad, el por qué de nuestro interés en el japonés y si teníamos conocimientos previos.

La ronda comenzó a mi derecha. Los tres primeros alumnos tenían quince años (!). Llegó mi turno. “Soy un poco más viejo que los chicos” dije, aunque en realidad podría ser su padre. “Tengo treinta”, confesé. Siguieron las presentaciones. Más adolescentes, un veintiuno por ahí, once (!!), hasta que llegó el turno de una mujer que dijo: “yo les gano a todos, tengo 37”. Uff. Eso estuvo cerca.

Al momento de explicar el interés en Japón casi todos mencionaron el manga y el anime e intercambiaron chistes sobre series y personajes que no entendí. Quise preguntar si alguien había visto Robotech pero me contuve.

Un recursante hizo que todos volvieran a ponerse serios. “Les doy un consejo: no pierdan el hilo. Yo vine el año pasado y el primer cuatrimestre iba muy bien, pero en el segundo empecé a faltar, me perdí por completo y ya no pude retomar”. Sabio aviso el de nuestro senpai (“compañero de mayor experiencia”). El camino no será fácil.

Mi primera clase de japonés se completó con las normas básicas del cursado, conceptos iniciales sobre los tres alfabetos que usan en Japón (hiragana, katakana y kanji), cómo pedir permiso para ir al baño (“toire ni ittemo ii desuka?”) y cómo saludar. Después de dos horas, nos despedimos de la sensei hasta la próxima clase. Promete ser un año interesante.

Facundo

Periodista y Licenciado en Comunicación Social. Apasionado por la escritura y los viajes. Estudiante de japonés e interesado en todo lo relacionado con la cultura de China y Japón.

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