Mi primera clase de chino

La parte más fácil de estudiar chino fue decidir hacerlo. La experiencia de haber viajado por China, sumada a los intercambios y amistades que generé con gente de esas remotas tierras, me dejaron con ganas de más. Sentía que había todo un universo que me estaba perdiendo por el hecho de no hablar su lengua, así que apenas tuve la oportunidad me inscribí para aprenderla.

Ahora bien, desde el momento en que la profesora se presentó y escribió “hola” en el pizarrón con caracteres chinos, me di cuenta que el camino que comenzaba iba a ser largo y sinuoso. Inn Iee, Shaína para los amigos argentinos, vive en Rosario hace treinta y cinco años pero nació en Taiwán. Por algunos hechos que ha contado, parece ser una eminencia en esto de enseñar chino a los hispanohablantes.



El curso se dicta de noche, con lo cual mis compañeros son en su mayoría adultos motivados por cuestiones laborales. De todos modos, durante la primera clase de chino me entusiasmó notar que, además de enseñarnos el idioma, Shaína se mostraba elocuente a la hora de hablar de historia, cultura y costumbres.

Pros y contras a la hora de aprender chino

Al contarnos la profesora sobre sus dificultades para aprender español, descubrí que quizás no sería imposible dominar el chino. Su falta de conjugación verbal y nominal (número y género) es una gran ventaja para armar oraciones. Lo mismo sucede con su estructura fija. Por ejemplo, decir  “ayer comer dos manzana” es más fácil que “ayer comí dos manzanas”, o “comí dos manzanas ayer”.

El mayor desafío será, probablemente, memorizar los mil quinientos caracteres que se necesitan para tener una comprensión básica del idioma. Según nos explicó Shaína en la primera clase de chino, existen unos nueve mil setecientos caracteres hoy en día. Pero no hay que desesperar; saberlos todos es como pretender conocer todas las palabras del diccionario.

Después de una descripción general de cómo sería el curso, qué material usaríamos y demás nos despedimos con un 再见 (zài jiàn). Zài significa “nuevamente”, y jiàn “ver”, con lo cual este saludo se traduciría como “nos vemos”. ¿Sencillo, no?

Al finalizar mi primera clase de chino, salí del aula abrumada y entusiasmada. Por un lado, es mucho lo que queda por delante, pero por el otro, tengo la certeza de que habrá más satisfacciones que frustraciones. En unos meses les cuento si esta afirmación se sostuvo o no.

Zài jiàn!

Foto de portada: Axel Rouvin

Facundo

Periodista y Licenciado en Comunicación Social. Apasionado por la escritura y los viajes. Estudiante de japonés e interesado en todo lo relacionado con la cultura de China y Japón.

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