Muertes por exceso de trabajo en Japón

Trabajar es una obsesión nacional en Japón. Las jornadas laborales son largas, las horas extra abundan y las vacaciones escasean. Por eso, no es de extrañar que las muertes por exceso de trabajo alcancen cantidades preocupantes. De hecho, hasta tienen una palabra propia para definirla: karoshi.

El exceso de trabajo conlleva una fuerte carga de estrés y falta de sueño, que puede conducir a la depresión, al insomnio y a un deterioro general del cuerpo. A partir de allí, los infartos son muy frecuentes, y también los suicidios.



En 1987 el Ministerio de Salud japonés reconoció el karoshi como un peligro para la salud de la población. Según los datos oficiales, cada año se producen alrededor de dos mil muertes por exceso de trabajo, pero algunas ONG afirman que la verdadera cifra se aproxima a las diez mil víctimas anuales.

Para que la causa de la muerte se considere karoshi la víctima tiene que haber trabajado más de cien horas extra el mes anterior a su muerte, u ochenta en dos meses consecutivos durante los últimos seis. Si esto se confirma, la familia del fallecido puede recibir una compensación por parte del gobierno y de la compañía de hasta dos millones de dólares.

¿Por qué los japoneses trabajan tanto?

Según estadísticas oficiales, un 20% de los japoneses dedica más de doce horas diarias a su trabajo, y una cuarta parte de las empresas nacionales reconoce que sus empleados trabajan más de ochenta horas extra al mes. ¿Obsesión u obligación? Un poco de ambas.

Después de la Segunda Guerra Mundial, muchos japoneses encontraron en el trabajo una nueva motivación. Además de la compensación económica, les ofrecía un propósito de vida, algo muy importante en la idiosincracia nipona.

Trabajadores japoneses cruzando la calle.

A cambio de su dedicación, el sarariiman (término japonés para designar a los empleados de bajo rango de las empresas) recibía un trabajo de por vida, aumentos de sueldo regulares y beneficios para acceder a la vivienda propia y a la educacion de sus hijos.

El auge financiero en los 80 no hizo más que empeorar la situación. Alentados por el crecimiento económico, los sarariiman se dedicaron en alma y vida a la empresa, en busca de lo que ellos entendían como la posibilidad de un ascenso social. Cuando la burbuja financiera estalló en los 90 la situación se acentuó, aunque por razones diferentes: ahora se trataba de trabajar lo más posible para intentar conservar aquello que se había conseguido.

Además del incentivo económico, hay un fuerte componente cultural que influye en el exceso de trabajo en Japón. Para muchos empleados, por ejemplo, está mal visto llegar a la oficina después que sus jefes o irse antes que ellos. De la misma manera, no realizar horas extra también se considera inapropiado, al igual que utilizar las tres semanas de vacaciones que tienen por ley.

Otro ejemplo, basado en un caso real. Hace algunos años, en la ciudad de Takaoka, los empleados de una importante empresa decidieron hacer una huelga, en reclamo por algunas mejoras sindicales. El primer día dejaron de trabajar de 8.30 a 9 de la mañana y, como no dio resultado, el segundo día extendieron la huelga una hora, de 17.30 a 18.30. La peculiaridad es que el horario laboral era de 9 a 17, es decir que en ambos casos la protesta se llevó a cabo fuera de la jornada oficial.

En busca de soluciones

El gobierno japonés hace tiempo que se muestra preocupado por el aumento de las muertes por exceso de trabajo. No se trata sólo de ser humanitario, sino de las importantes sumas que tiene que desembolsar cada vez que una familia logra demostrar que el fallecido fue víctima de karoshi.

Presentación del Premium Friday en Japón, que busca reducir las muertes por exceso de trabajo.

Entre las medidas que se han tomado para enfrentar esta problemática se destaca una ley de 2017 para limitar las horas extra a “sólo” cien por mes, u ochenta si es un período de fuerte carga laboral.

Otras iniciativas más eficaces apuntan a reducir la carga horaria de los trabajadores. El “Premium Friday”, por ejemplo, promueve que el último viernes de cada mes la jornada de trabajo termine a las tres de la tarde, y así los sarariiman puedan aprovechar descuentos especiales en bares y comercios.

La compañía de ropa Uniqlo, por su parte, decidió ofrecer a sus empleados la posibilidad de trabajar diez horas por día, cuatro días a la semana. Según la empresa, esta iniciativa le permitirá atraer y retener a más trabajadores, al ofrecer una mayor flexibilidad que el promedio del mercado laboral japonés.

Facundo

Periodista y Licenciado en Comunicación Social. Apasionado por la escritura y los viajes. Estudiante de japonés e interesado en todo lo relacionado con la cultura de China y Japón.

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