El día que Japón invadió Corea del Norte

Aunque hoy en día puede sonar extraño, hubo un tiempo en que los roles estaban invertidos, y el poder militar de Japón era muy superior al de Corea del Norte. De hecho, los nipones invadieron la península de Corea en 1910, donde permanecieron por 35 años.

Es cierto que en ese momento Corea no estaba dividida en Norte y Sur, sino que era un solo país bajo el débil liderazgo de la dinastía Joseon. Como consecuencia del conservadurismo de sus gobernantes, el Imperio estaba atrasado en casi todos los aspectos, y fue presa fácil de Japón cuando el país del sol naciente salió victorioso de la Guerra ruso-japonesa.



Pero esto es historia moderna. La realidad es que Corea fue anhelada desde siempre por los japoneses. Tanto, que en el siglo 16 ya la habían invadido dos veces.

Las dos primeras invasiones japonesas a Corea

Toyotomi Hideyoshi fue un importante daimyo (señor feudal), con orígenes muy humildes. Aunque no podía aspirar a shōgun (el emperador nunca otorgaría tal distinción a alguien con sus raíces), alcanzó el grado de Regente Imperial, y como tal se convirtió en el gobernante más poderoso de Japón a finales del siglo 16. Por esos años, Hideyoshi logró acabar con una cruenta guerra civil y unificar el país bajo su mandato.

No conforme con estos triunfos, Hideyoshi trazó un ambicioso plan para extender el dominio de Japón fuera de sus fronteras. En particular, lo que el regente más anhelaba era conquistar China, hazaña con la que pretendía pasar a la historia.

Mapa de Corea y Japón.
Corea tenía una posición privilegiada desde la que invadir China.

El primer paso de la campaña fue la invasión de Corea en 1592, ya que la península era el punto más cercano al archipiélago japonés, desde donde se tenía una posición privilegiada para avanzar hacia China.

Los coreanos eran un pueblo mucho más pacífico que el japonés, enfrascado en interminables luchas internas. Tal diferencia facilitó la invasión, ya que Japón había desarrollado en mayor medida su armamento y tácticas militares. Así, en poco tiempo los japoneses ocuparon Seúl, en el sur, y más tarde Pyongyang, la actual capital de Corea del Norte.

Alarmados por tener a los japoneses en la frontera, los chinos decidieron intervenir. Se aliaron a Corea y lograron reconquistar Pyongyang, replegando a Japón hacia el sur. Esta división de Corea se mantuvo entre 1593 y 1597, periodo durante el cual China y Japón entablaron negociaciones diplomáticas, en las que incluso se llegó a plantear la división definitiva de Corea.

Asedio de Pyongyang en 1593.
Asedio de Pyongyang por parte de China y Corea, para expulsar de la ciudad a los japoneses.

Pero las negociaciones no prosperaron, y en 1597 Hideyoshi ordenó reanudar el ataque. Esta segunda etapa de la invasión japonesa a Corea fue un fracaso. Los japoneses fueron humillados en la batalla de Myongyang, donde 16 buques coreanos derrotaron a una flota japonesa de 133 navíos.

Por si fuera poco, Toyotomi Hideyoshi falleció en medio de la campaña, debilitando la posición de su gobierno. Los clanes que lo apoyaban quedaron aislados, y muy pronto Japón se retiró de la península de Corea.

La invasión moderna

Luego de la Restauración Meiji de 1869, Japón buscaba convertirse rápidamente en un país industrializado y poderoso. Para tal fin, iniciaron un proceso de expansión política y económica en la región, siendo la península de Corea uno de sus primeros objetivos.

En 1905 obligaron al débil reino coreano a firmar un tratado que lo convertía en un protectorado japonés. Y en 1910, otro tratado autorizó la anexión de Corea a Japón.

Fueron tiempos difíciles en la península de Corea. Japón gobernó el país con mano de hierro, y trató a los coreanos como un pueblo inferior. Entre otras cosas, tenían prohibido formar partidos políticos, editar sus propios periódicos y hasta hablar en coreano en público.

Seúl bajo la ocupación japonesa.
Seúl bajo la ocupación japonesa. Todos los cárteles de la calle están escritos en japonés.

También se adoptó el sintoísmo como religión nacional, la enseñanza en las escuelas pasó a dictarse únicamente en japonés y se obligó a la gente a adoptar nombres japoneses.

La ocupación japonesa de Corea se mantuvo durante 35 años, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos en Hiroshima y Nagasaki acabaron con las ambiciones imperialistas de Japón, y lo forzaron a rendirse.

Los japoneses debieron abandonar todos los países colonizados, el emperador tuvo que admitir públicamente que no descendía de los dioses y el país firmó una constitución que le prohibía tener su propio ejército.

Corea, en tanto, se convirtió en parte del botín que se repartieron Estados Unidos y la Unión Soviética, los “ganadores” de la guerra. De forma arbitraria, trazaron una división en el paralelo 38 de la península e influenciaron cada uno una mitad. Los soviéticos, Corea del Norte, y los estadounidenses, Corea del Sur. Pero esa es otra historia.

Facundo

Periodista y Licenciado en Comunicación Social. Apasionado por la escritura y los viajes. Estudiante de japonés e interesado en todo lo relacionado con la cultura de China y Japón.

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