El Emperador Amarillo, fundador de la civilización china

Los primeros registros de China como territorio unificado se remontan al año 221 a.C., cuando Qin Shi Huang puso fin al período de los Reinos Combatientes y se erigió como el primer emperador. Sin embargo, la historia del país se extiende mucho más atrás en el tiempo, aunque entra en la nebulosa de los mitos y las leyendas. En ese contexto, hay una figura de vital importancia a lo largo de los tiempos: el Emperador Amarillo.

De nombre propio Huángdì (黄帝), el Emperador Amarillo fue una especie de dios que se enfrentó a sus pares para pacificar la tierra y protegerla de los abusos divinos. Su presencia se ubica al comienzo mismo de la historia de la antigua China, hacia el año 3000 a.C.



La mitología cuenta que por esa época existían tres dioses y cinco emperadores divinos, que se dividían el control del territorio. Todos ellos serían los responsables de la creación de las primeras instituciones estatales y sociales (la agricultura, la familia, la escritura), que fundaron las bases de la China predinástica.

Los relatos son algo contradictorios y confusos en este punto, pero lo que queda claro es la importancia de Huángdì. El Emperador Amarillo libró múltiples batallas contra los otros dioses por la unificación y pacificación del territorio de la futura China. En ese sentido, se lo considera el responsable de la transición de una cultura dirigida por los dioses a otra conducida por los hombres.

El Emperador Amarillo de China y el dragón que lo elevó a los cielos.

Desde su Palacio de Jade, ubicado en lo alto de las montañas Kunlun, el Emperador Amarillo gobernó por cien años (desde el 2698 hasta el 2598 a.C.), durante los cuales profundizó el avance de la incipiente civilización china. Entre otras cosas, se le atribuyen la invención del calendario, de las leyes, de las monedas, de la medicina tradicional china y hasta de una primitiva forma de fútbol.

El mito de su desaparición no es menos espectacular que sus supuestos logros. Según la leyenda, el último día del año 2598 a.C. se abrió una enorme grieta en el cielo, por la que un dragón dorado descendió a la tierra y se llevó al Emperador Amarillo a cuestas. La escena habría tenido lugar en el Monte Qiao (en la provincia de Shaanxi), donde en la actualidad hay un gran mausoleo en homenaje a Huángdì.

El Emperador Amarillo, ¿sólo un mito?

No hay en China ningún rastro arqueológico que pruebe la existencia del Emperador Amarillo. Aun así, la tradición lo considera el padre fundador de la civilización china, en su carácter de primer gobernante estable y creador de los pilares de la cultura.

Mausoleo del Emperador Amarillo en la provincia de Shaanxi, China.

La inexistencia de pruebas no quiere decir que algunas partes de la historia no sean verosímiles. Al contrario, es posible que en la leyenda del Emperador Amarillo confluyan personajes y hechos reales que, mezclados entre sí y a lo largo de muchos años, produjeran los avances culturales que se le atribuyen a Huángdì.

La exaltación del Emperador Amarillo como figura central en el origen de la civilización comenzó durante la dinastía Han (206 a. C. a 220 d. C.). Fue una forma de condensar los antiguos mitos en uno solo, y ofrecerle al pueblo un ancestro común con el cual identificarse.

A partir de entonces, numerosos clanes y dinastías proclamaron descender directamente del Emperador Amarillo, como forma de obtener legitimidad para gobernar en detrimento de sus ocasionales rivales.

Facundo

Periodista y Licenciado en Comunicación Social. Apasionado por la escritura y los viajes. Estudiante de japonés e interesado en todo lo relacionado con la cultura de China y Japón.

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