Bushido: el código de honor samurái

Aunque extintos hace tiempo, los samurái constituyen uno de los aspectos más atractivos de la cultura japonesa. Es que la figura de un guerrero de elite, fiel hasta la muerte y con un estricto código de honor, no tiene casi correlato en Occidente.

Surgidos alrededor del siglo X, los samuráis se asentaron con fuerza a partir del siglo XII, cuando se instauró el primer shogunato en Japón. Durante los años siguientes, se establecieron una serie de reglas para regir la conducta del samurái, que más adelante se conocerían como bushido (traducido como “el camino del guerrero”).



El origen del bushido
Bushido, el código de honor samurái.
Samuráis con su peinado tradicional y utilizando la katana.

El Heike Mongatari (1371), un poema épico clásico de la literatura japonesa, es uno de los primeros textos que describen las virtudes de los samuráis. Entre ellas, la unión del arte bélico y la poesía es una de las más fundamentales.

Por la misma época, algunos daimyō (señores feudales) aportan también más rasgos que deben definir a los guerreros. Para ellos, el samurái es un soldado fiel a su amo, que honra a sus antepasados y venera al emperador. Además, se comporta con dignidad, decide con justicia y, sobre todo, está dispuesto a morir en cualquier momento.

“Llegar al término de la existencia sin haber arriesgado nunca la vida en combate es la mayor de las vergüenzas”. Daimyō Nabeshima Naoshige (1538-1618).

El primero en agrupar estos preceptos en un código formal fue Yamaga Sokō, un importante guerrero del periodo Tokugawa. Para Sokō, el samurái debía ser un modelo para el resto de la gente, comportándose de acuerdo a su clase y a sus funciones. La rectitud (“gi”) estaba por encima de todo, con lo cual no debía considerarse bajo ningún aspecto el beneficio personal. El guerrero tenía que ser disciplinado, leal, llevar una vida austera y estar siempre dispuesto al sacrificio. Por si fuera poco, consideraba que además de ser excelentes combatientes debían aprender disciplinas como literatura e historia.

Con los samuráis definitivamente acabados, el escritor Nitobe Inazō redactó en 1899 Bushido: el código ético del samurái y el alma de Japón. Allí, presenta las siete virtudes que debía poseer el guerrero: rectitud (gi), valor (yu), benevolencia (jin), respeto (rei), honestidad (makoto), honor (yo) y lealtad (chu).

Seppuku: la lealtad llevada al extremo
Estampa japonesa que muestra la preparación del seppuku de un samurái.
Antigua estampa japonesa que muestra la preparación del seppuku de un samurái.

La lealtad de los samuráis al amo y, por intermedio de él, al emperador, era el valor central alrededor del que se agrupaban los otros. Por eso, cuando el señor y su familia fallecían (cosa que, en tiempos de guerra, sucedía con frecuencia), el samurái enfrentaba una difícil decisión.

Había tres alternativas: ofrecer su lealtad al vencedor de su señor, convertirse en mercenario o rōnin (guerrero sin dueño) para alquilar sus servicios o suicidarse. Esta última era considerada la opción más honrosa, ya que llevaba al extremo la lealtad jurada al amo.

El seppuku (“suicidio por honor”) se convirtió en un rasgo representativo de la clase samurái. Se justificaba aduciendo que así se evitaba el deshonor de la derrota en el campo de batalla y se acompañaba al amo en el otro mundo. El seppuku consistía en realizarse un corte en el abdomen con una espada corta llamada wakizashi y, en ocasiones, un compañero del samurái le cortaba la cabeza con la katana, la espada larga, para acabar con su sufrimiento.

El final de los samuráis

Con la caída del shogunato Tokugawa y la Restauración Meiji en 1869, el nuevo emperador Mutsuhito decidió crear un ejército al estilo occidental y suprimió para siempre a los samuráis. Se abolieron todos sus privilegios de clase y se prohibió la vestimenta característica, el peinado chonmage (la parte superior de la cabeza rapada y el resto del pelo en una coleta) y el derecho a portar armas.

Desde entonces, la figura del samurái y su código de honor quedaron para la posteridad como un aspecto colorido de la cultura japonesa, como las geishas y los ninjas.

Fuente: Seco Serra, I., (2010), Historia breve de Japón, Madrid: Silex Ediciones.

Facundo

Periodista y Licenciado en Comunicación Social. Apasionado por la escritura y los viajes. Estudiante de japonés e interesado en todo lo relacionado con la cultura de China y Japón.

Comentar este artículo